La economía agrícola en Andorra, que hasta hace pocos años era dominante en las regiones de alta montaña condicionó la aparición de edificaciones complementarias destinadas al rebaño y al almacenamiento de forraje. Estas funciones, muchas veces las asumía la misma casa donde tenían lugar en edificaciones anexas.
De aquí viene la aparición de unas construcciones que asumen las mismas funciones que los pajares y los estableo y, que a la vez son refugio de los pastores: las llamadas bordes. Las bordes son construcciones aisladas que se ubican arriba de todo de la montaña, a pesar de que también es frecuente que se agrupen. La aparición de las bordes data del siglo XVI pero cuando se incrementan notablemente es a partir del siglo XIX, coincidiendo con la generalización del rebaño vacuno, que necesita más espacio y forraje que el que se criaba hasta entonces, el de lana.

El tipo más frecuente de borda es de dos plantas; la inferior es el establo y la superior, el pajar, susceptible de ser utilizada también como granero. En algunas ocasiones la planta baja es parcialmente enterrrada, de forma que permite un acceso fácil a la planta superior cuando se trata de un terreno de pendiente fuerte.

La planta de estas construcciones mide hasta 9 o 10 metros de fachada, mientras que la profundidad puede variar, pero raramente es superior a 12 metros; la fuerte pendiente del terreno condiciona estas dimensiones. La altura máxima oscila entre 7 y 10 metros y en las bordes aisladas puede ser inferior a 6 metros.

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